Notas

Edición Nº 58 - Revista Sólo Chicos -Guía para padres-.

¿Es necesario que mi hija se haga cargo de limpiar su cuarto?

Hace poco recibí un correo electrónico de la directora del jardín de infancia al que acude mi hija; se titulaba «La importancia del juego desordenado». Los niños aprenden mediante procesos, escribió. El acto de crear es más importante que el resultado. Les pedía a los padres que permitieran que sus hijos tuvieran espacio para el desorden. Por un lado, la idea era novedosa. En nuestra cultura, obsesionada por la limpieza y el orden, donde limpiar se considera un acto de valor moral, agradecí la motivación de la directora para «aceptar el caos». Muchos padres aceptan que, para poder mantenerse cuerdos, deben ser selectivos con las batallas que deciden pelear con sus hijos. Pero parece que el mantra de «ordena tu cuarto» no es negociable; es la base de una buena paternidad, cimentada en el sentido común. Aprender a mantener tu entorno en orden y ser responsable del desastre que haces son habilidades importantes para convertirse en un adulto competente y socialmente maduro.

Sin embargo, limpiar es complicado para muchas personas. El impulso de ordenar puede ser compulsivo, una manera de mantener el control cuando surge la ansiedad.

Cuando me casé, mi esposo y yo decoramos nuestra primera casa con paredes blancas y sofás. Evité mesas en la sala porque eran innecesarias. Sin embargo, a medida que mi hija y sus posesiones brillantes crecieron, me vi en una encrucijada. ¿Valía la pena el esfuerzo diario para que ella fuera ordenada? ¿Enseñarle a limpiar su cuarto le daría habilidades que no se pueden aprender en ningún otro lado? Y lo más importante: ¿Esto la hará mejor persona o alguien más feliz?

Pedí consejo a expertos en infancia. Encontré que los niños en edad preescolar que tienen asignadas tareas domésticas, logran mejores relaciones personales. Se promueve que la gran tarea de limpiar un cuarto se divida en partes, y se enseñe cada tarea menor a una edad apropiada. Esto puede llevar años. El desorden también oculta los objetos que son importantes para crear nuestra identidad. «Un entusiasta de la física de 11 años de edad debe ser capaz de ver sus calculadoras para que le recuerden su metas». Muchos planteles de preescolar, influidos por el sistema Montessori, prefieren las paredes en blanco para reducir la distracción y permitir que se enfoquen en tareas importantes.

Pero también hay detractores. Tamar Gordon, psicóloga especializada en trastornos de ansiedad, piensa que la gente puede estar demasiado obsesionada con la limpieza. «Lo que es importante para los niños es la estructura», comentó; «eso no necesariamente es lo mismo que limpiar un cuarto». Explicó que algunos niños son ordenados por naturaleza, y se ponen muy nerviosos por una mancha de pintura en su mano, mientras que otros casi no perciben su entorno visual. El trabajo de los padres es conocer bien a sus hijos y enseñarles lo opuesto: los quisquillosos necesitan aprender a ser flexibles; los niños desordenados, reglas.

En toda mi investigación, no encontré una relación comprobada entre tener una habitación ordenada y llevar una vida funcional con metas claras. Aprender a respetar el espacio común y administrar el tiempo se logra con las tareas escolares o limpiando la cocina. Además, según los psicólogos con los que hablé, las fricciones familiares que surgen cuando los padres obligan a los niños más desordenados a ser ordenados pueden causar un estrés realmente destructivo.

Alan Kazdin, del Centro Parental de Yale, explicó que no ha habido estudios sobre la limpieza de las habitaciones porque el asunto no ha sido importante. «Es normal que los adolescentes sean muy desordenados», me dijo. «No sabemos por qué». Los padres deberían considerar si el cuarto desordenado de su hijo es un síntoma de otros problemas (escolares, por ejemplo) o si afecta la vida diaria (ratones, alérgenos, riesgos de seguridad). Pero si se trata solamente de su cuarto desordenado, déjalo ser. «Es importante que los adolescentes tengan áreas de control. Los padres creen que es una situación sin salida, pero eso no es cierto». Tiene sentido. Hacer que mi hija limpie su cuarto puede satisfacer mis necesidades organizativas, pero probablemente no la convierta en una mejor persona.

Judy Batalion